Niño viejo: La excepcional taquería informal de Albert Adrià

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Cocina urbana y callejera de México. Esa es la promesa que el tres estrellas michelín Albert Adrià (por las tapas contemporáneas de Tickets, la cocina nikkei del Pakta y la alta gastronomía mexicana del Hoja Santa) realiza en su taquería del Paral·lel barcelónes, llamada Niño Viejo.

Niño Viejo ocupa el mismo espacio que Hoja Santa (se entra por puertas contiguas) y comparte con él la tradición culinaria a exprimir, la mexicana, pero desde un punto de vista muy diferente: Mientras que Hoja Santa es un restaurante de alta gastronomía (podéis consultar aquí los platos de su menú degustación de 110 euros), Niño Viejo es su versión “casual” o informal, la comida callejera a base de tacos y antojitos.

Empezamos nuestra cena, como no podía ser de otra manera, con un excepcional guacamole con totopos. El guacamole del Niño Viejo tiene una textura difícil de imitar que hizo que lo consideráramos uno de los mejores guacamoles que hemos probado. Debe ser una apreciación común, ya que recientemente el diario El País lo incluía en su lista de los 10 mejores guacamoles de España.

guacamole-ninoviejo

Por cierto, qué buenas estaban también las aceitunas con tabasco y lima.

Seguimos con un queso fundido con rajas poblanas. Excelente. Nos lo trajeron ya con los tres tipos de salsas que sirven para compañar los tacos: roja de chile de árbol tatemada, verde cocida y habanero picante.

queso-fundido-nino-viejo

De su carta de tacos, elegimos los tacos Niño Viejo (con chorizo, costilla de ternera, aguacate y chicharrón de cerdo) y los tacos de cochinilla Pibil (carne de cerdo adobada en achiote). La verdad es que estaban deliciosos tanto por la combinación de ingredientes como por la calidad de las carnes y la finura de las tortillas.  (La foto no es nuestra, se nos olvidó hacerla y estamos a la espera de que el restaurante nos mande una).

tacos-nino-viejo

De postre, flan de elote e higos con helado de queso.

postres-nino-viejo

Y de acompañamiento, una atención profesional y esmerada: es de agradecer que los camareros de un restaurante dominen la carta y sean capaces de explicar cada uno de los platos y un muy buen ambiente.

Hay tan buen ambiente que si alguien celebra allí su cumpleaños, todos los camareros salen a cantar Las Mañanitas (el Cumpleaños feliz a la mexicana) al homenajeado. Alegría y buen rollo 100% mexicana que supone un broche de oro a una cena muy muy recomendable (y son dos “muys”).

Éramos cuatro y nos costó 125 euros con dos botellas de vino.  ¿Volveremos? Sí, seguro.

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