Negro no Tan Negro: Cocina internacional sin salir de la zona alta de Barcelona

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Si vas a ver una película a Cinesa Diagonal algo te invade y ya tiras de postureo toda la noche. ¿Que pensabas ir a cenar al Born o a Gracia? Te quedas en Sarrià.  Alto standing, o sea. Que los ricos no viven mal y comen mejor.

Eso debimos pensar, y pese a los cantos de sirena que nos llegaban del Ikibana de Sarrià (junto enfrente de Cinesa Diagonal, ¡qué buena pinta!) bajamos un poquito el listón y nos dirigimos hacia el Negro-Rojo de la Diagonal.

Restaurante-Negro-Rojo

Foto: grupotragaluz.com

El Negro-Rojo es dos restaurantes en uno: Arriba, el Negro no Tan Negro, “cocina internacional moderna”; abajo, el Rojo, japonés. Queríamos ir al Rojo pero había gente esperando (¿por qué no reservan?, nos gustaría), así que nos invitaron a quedarnos en el Negro y aceptamos.

Nos gustó su cocina internacional moderna, que es moderna y es internacional porque fusiona platos e ingredientes de diferentes países.

Una de las especialidades del restaurante son sus ceviches, así que pedimos el ceviche de salmón salvaje, ikura y maracuyá y lo acompañamos, como entrante, de un steak tartar de ternera ahumado que nos llamó la atención por eso del “ahumado”.  Apenas se nota diferencia con un steak tartar normal, pero estaba francamente bueno. De segundo nos trajeron unos rigatoni trufados en los que se percibía perfectamente el delicioso sabor de la trufa.

Para otro día dejamos algunas tapas que tenían muy buena pinta (tempura de rodaballo con salsa oriental, croqueta de berenjena con tomate seco y parmesano, huevos estrellados con gamba roja…), algunos otros ceviches (de corvina, de camarones) y algún tataki (de chuletón de buey con aguacate, por ejemplo).

En tiempo de sangrías y tintos de verano, agradecimos volver a la senda más habitual y optar por un Rioja joven y fresco,  El Bozeto, primer proyecto de la bodega Exopto. Muy recomendable para acompañar los platos elegidos y para hacer una sobremesa larga hablando sobre la película de Woody Allen que acabábamos de ver, Café Society.

Nos fuimos del Negro pensando que los personajes de Woody Allen habrían disfrutado, también, de esta cena.  El ambiente del Negro, informal pero algo esnob sin dejar de ser cálido, moderno sin estridencias, parece muy del estilo de los personajes a los que tanto solía caracterizar y caricaturizar el director neoyorkino, más en los años 70 que en su cine actual.

Copa en mano, con ese esnobismo intelectual que tenían los personajes del genio de Brooklyn, seguro que habrían disertado sobre la cocina de autor con su habitual toque escéptico.

¿Salió cara la noche? Depende del bolsillo de cada quién: Algo más de 30 euros por persona, nos costó la cena.

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