La Plaça del Diamant: Lolita abre en canal y desgarra el alma

Probablemente sea La Plaça del Diamant el más poético, penetrante y sobrecogedor homenaje que la literatura ha sabido hacer al barrio de Gracia.

Y probablemente sea convertirse en la Colometa, la desgarrada protagonista de la novela de Mercè Rodoreda, la mejor manera que Lolita ha encontrado de rendir homenaje a su padre, nacido a apenas 750 metros de esa Plaça del Diamant, en la calle Fraternitat número 8.

plaça del diamant-lolita

Lógico, por tanto, que Lolita se emocionara ayer miércoles, cuando al término de la función número 200 de La Plaça del Diamant, su Plaça del Diamant, recibió dos ramos de flores y el aplauso largo, larguísimo, de una platea prácticamente llena y puesta en pie.

Porque si de algo sabía Rodoreda es de emociones. Y si de algo sabe Lolita es de transmitir estas emociones. La suma, una fórmula ganadora que triunfa por segundo año en el Teatro Goya de Barcelona.

Novela que narra una Barcelona gris a través de la mirada de personajes con vidas aún más grises, La Plaça del Diamant  -la más bella novela escrita en España después de la Guerra Civil, que dijera el Premio Novel Gabriel García Márquez- desgarra. La aparente sencillez de la narración, el tono inocente de su protagonista, la aparente nimiedad de su vida, de esa vida que ni siquiera sabe si le pertenece, esconde una tragedia de tintes griegos que abruma y angustia, que abre en canal y agota el alma.

Si el arte va de remover por dentro, esta Plaça del Diamant lo consigue con creces. Repartiremos los méritos entre la autora, Mercè Rodoreda, novelista sobrevalorada para algunos, gran dama de las letras catalanas para otros; el director de la obra, Joan Ollé, responsable de mantener el interés del espectador durante todo el monólogo, y la propia Lolita, capaz de ser durante más de una hora y a solas en el escenario Colometa, la Colometa de Rodoreda y todas las Colometas que hubo, hay y habrá. Mujeres que luchan, que sufren, que simplemente sobreviven porque eso de vivir les queda muy lejos.

A la salida, y aunque el cuerpo nos pedía dar una vuelta por la Plaça del Diamant y picar algo en algún bar cercano, aprovechamos que el Teatro Goya está cerca del carrer Parlament y optamos por ir allí a tomar unas tapas.

Pese al mal sabor de boca que deja la vida de Colometa, nuestro estómago no perdona y empieza a divisar, entre los coches, la sardina ahumada con orégano, cebollita y piñones del Passatge Tainós y el lomo de salmón ahumado con soja y wasabi de Els sortidors del Parlament

Foto de Lolita: Sergio Parra

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